20 jul. 2010

PRAGA Y VIENA

Praga, o como dicen allí, Praha, capital de la República Checa, es un peazo de ciudad colocadita a las orillas del río Moldava. Perderse en ella es tan hermoso como sencillo, teniendo en cuenta que el idioma es complicado para nosotros (demasiadas consonantes), lo que convierte a los mapas en crucigramas. El casco histórico es espectacular, a un lado la plaza vieja, con su torre, el famoso reloj astronómico, y la zona nueva comunicada por varios y gigantescos puentes, del que hay que destacar el Puente de Carlos (en checo Karlův most). El enorme castillo y la catedral de San Vito que se observa desde toda la ciudad. Los edificios tienen un color negro espeluznante que resaltan las puntiagudas estructuras góticas y que contrastan con los adornos dorados. A pesar del turismo es una ciudad tranquila y aunque el capitalismo está entrando con fuerza aun hay rincones donde comer bueno, bonito y barato (pero van quedando pocos, en las zonas más turísticas ya conocen las virtudes del Euro y te están esperando con la navaja afilada). La cerveza es algo espectacular, por tamaño, precio y sabor.
Viena es otra historia, en la capital austriaca ya no hay lugar a dudas. Los centros comerciales, las calles con puestos y tiendas de conocidas marcas, y el euro como moneda oficial, la acercan mucho más a lo que conocemos. La música y sobre todo Mozart, es su centro de interés, o al menos eso quieren hacer ver. Cabe destacar su silencio, su tranquilidad y lo civilizados que están. Se aprecia en detalles como el tranvía (que todo el mundo paga religiosamente, a pesar de no haber revisor), los periódicos (que pudiéndose coger libremente todos pagan). Y una amabilidad, respeto y una limpieza en las calles que no se ven aquí, aunque nos pese. La ópera es más impresionante aún por dentro, y la acústica me dejó boquiabierto y entusiasmado, ya que desde el gallinero pude oír perfectamente todo el concierto, eso sí, a un precio desorbitado. Si os gusta la música clásica, este es el sitio. Monumentalmente, espectacular, diferente a Praga, más occidental, más nuestro, pero precioso.
Tanto en una como en otra te entienden en inglés, en español ni palabra.
Toda una experiencia y un viaje que recomiendo. ¡Vaya chapa! disculpen.

3 comentarios:

J Julián dijo...

Dos bonitas ciudades leyendo tu crónica me dan muchas ganas de visitarlas, e incluso de ir a la opera.
Je, je

ivanorro dijo...

¡Menudo cabronazo que estás hecho, mamon! Y luego dices. En la puta opera de Viena, ni más ni menos. Mr. Gallego. Esta la tenías apuntada, eh? (Como si te viera: colorao como un tomate y más feliz que una pandereta con una sonrisa de lao a lao) y cual fue la que cayó? Verdi, Bach o el señor Beethoven o allí solo se pone a Wolfie. Aahh! la busqueda del placer eterno, si señor.

Isra dijo...

Jejej. Efectivamente, en Viena tienen una tendencia innata por Wolfie. Fue un concierto (en verano desgraciadamente no hay ópera) hicieron un recopilatorio de los pequeños grandes hits del Genio, incluyendo fragmentos prodigiosos de la flauta mágica (Aria de soprano) Serenata Nocturna, y otras perlas que convirtieron mi piel en culo de pollo al instante. Mi cámara echaba humo...al día siguiente vimos el Requiem en Rem en un iglesia...no hay palabras.